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El banco le devuelve un cheque a esta anciana, y su carta de respuesta es épica

Cuando llegas a tu casa y al abrir tu correo te encuentras con tristeza tus facturas mensuales es uno de esos momentos que intentamos olvidar. Tal vez te pase como a la gran mayoría y ganes un sueldo pequeño que no pueda evitar la imparable crecida de las facturas año tras año.


El servicio financiero y bancario deja mucho que desear pero los bancos, las compañías de teléfono, de luz, agua y gas, parecen haberse puesto de acuerdo al momento subir los precios más allá de estos tiempos de crisis.
Lo sabemos como consumidor ya da igual, puedes irte con cualquier empresa, lo cierto es que el margen de maniobra y la competencia resultan bastante escasos. Personalmente he dejado de elegir a mis compañías por el precio, ya que resulta que todas cuentan con un cobro tremendamente similar y he comenzado a centrarme un poco más de lleno en el servicio final prestado.
Hoy en día entiendo que pueda presentarse un error en la facturación, que exista una caída de la línea, que se estropee alguna tubería o que suframos una bajada de tensión. La realidad dicta que, al fin y al cabo, todos somos humanos.
Hay algo que no entiendo de ninguna manera y es que cuando se presenta un problema en el servicio que hemos contratado se preste un pésimo o nulo servicio de atención al cliente o de post-venta.
¿Quién fue el que decidió que la mejor forma de tratar a un cliente con algún tipo de problema era ponerle a combatir contra una condenada máquina automática?
Hoy en día somos nosotros mismos quienes que hacemos las gestiones, cambios de diferentes tarifas y todo tipo de transacciones a través de internet. Lo mínimo que deberían hacer para una vez que necesitamos tratar con ellos es que el servicio de atención al cliente fuera de buena calidad. En fin, es posible que la globalización nos haya permitido el acceso a una gran variedad de productos de consumo, sin embargo, definitivamente no nos ha hecho la vida mucho más sencilla.
Por esta y por otras razones he quedado muy impresionado con la carta que una señora de unos 82 años le ha remitido a su banco, luego de que le hayan devuelto un recibo. La carta dice así:

“Estimado Señor encargado,
Le escribo con el fin de darle las gracias por haberme devuelto mi cheque con el que he intentado pagar a mi fontanero por un trabajo el mes pasado. Según algunos de mis cálculos, tan solo tres nanosegundos deberían haberle bastado para elegir entre devolver mi cheque o transferir esa cantidad desde otra de mis cuentas.
Me refiero, de esta manera, a la transferencia mensual automática de fondos desde mi cuenta de ahorros a mi cuenta corriente, una disposición que, admito, ha estado en vigor sólo durante los últimos 31 años.
Es, sin embargo, usted digno de elogio por el hecho de haber aprovechado esa pequeña ventana de oportunidad y en cambio haber retraído de mi cuenta unos 30$ en concepto de sanción por las molestias que mi cheque le ha causado a su entidad.
Debo decirle, que mi agradecimiento surge debido a que este incidente me ha hecho replantearme en profundidad mis decisiones financieras. Hasta ahora no me había dado cuenta de que mientras atiendo sus cartas y llamadas telefónicas de manera personal yo en cambio debo enfrentarme constantemente contra la entidad impersonal, pregrabada y sin rostro, en la que su entidad se ha transformado últimamente.
Será a partir de ahora, cuando yo, como usted ha hecho, elijo sólo a una persona de carne y hueso capaz de realizar mis gestiones. Por lo tanto, de aquí en adelante continuaré girando mis préstamos, hipotecas y reembolsos de manera regular, pero comenzarán a arribar a su banco mediante cheque, dirigido de manera confidencial y personal a un empleado específico de su banco.
Deberá tener en cuenta que sólo él será capaz de abrir mi correspondencia, ya que si otro empleado lo hiciera incurriría en delito como se haya previsto en la Ley Postal por la confidencialidad establecida.
Adjunto podrá encontrar un formulario para la adecuada cesión de datos de contacto que requiero que su empleado entregue. Lamento que conste de unas ocho páginas, pero en fin, es justo que yo sepa tanto sobre él como su entidad sabe sobre mí, no existe otra alternativa.
Por favor, requiero tenga en cuenta que todas las copias de su historial médico deben ser refrendados siempre por un Notario Público, y que todos los detalles sobre su situación financiera (deudas, ingresos, activos y pasivos) son obligatorios y deben ir acompañadas de todo tipo de pruebas documentadas. A su debido momento, emitiré a su empleado un número PIN que él necesitara utilizar para ponerse en contacto con mi persona.
Debo expresar nuevamente mi lamento ya que el PIN no puede ser inferior a 28 dígitos, sin embargo, he logrado inspirarme en el número de pulsaciones que se necesitan para acceder al saldo de mi cuenta bancaria a través de su efectivísimo servicio de atención telefónica.
Como es usual decir, la imitación es la manera más sincera de la propia adulación. Permítanme, a continuación, que le especifique cómo será el menú de opciones de mi novedoso sistema de recepción de llamadas telefónicas. Con el objetivo de contactar conmigo puede pulsar los botones de la siguiente forma:
Si desea solicitar una cita personal.
Si desea consultar un pago faltante.
Si desea transferir la llamada hasta mi sala de estar en caso de que me encuentre allí.
Si desea transferir la llamada hasta mi habitación por si estoy durmiendo.
Si desea transferir la llamada a mi baño por si me encuentro asistiendo la llamada de la naturaleza.
Si desea transferir la llamada a mi teléfono móvil si no estoy en casa.
Si desea dejar un mensaje en mi contestador.
Si desea volver al menú principal y para escuchar las opciones 1 a 7.
Si desea hacer una reclamación. Luego de registrar su queja, la petición quedará en suspenso a la espera de estudio por el departamento correcto. Si bien esto puede implicar una larga espera, la música edificante podrá amenizar la duración de la llamada.
Desgraciadamente y siguiendo de nuevo su propio ejemplo, debo también imponerles una módica cuota de unos $50 por la gestión del servicio prestado. Por favor, sean tan amables de depositar el crédito en mi cuenta bancaria luego de cada llamada.
Sin más, aprovecho la ocasión para desearle un menos próspero Año Nuevo.
Atentamente,

Su cliente.”

Fuente: http://historiaspositivas.com
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