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Este hombre chino fingió su funeral para descubrir quienes lo querían en verdad

Cuando una persona muere es común escuchar halagos, una oleada de piropos y buenas palabras hacia el difunto. Al fin y al cabo los muertos siempre fueron bondadosos, amigables; en pocas palabras siempre fueron las mejores personas.


Deseando recibir esa oleada de halagos y todo ese cariño, un hombre chino de 66 años simuló su propio funeral para saber cuántos de sus parientes en realidad lo aprecian.



Zhang Deyang es un hombre de 66 años de Shandong, China, que recientemente mató su curiosidad por saber qué tanto éxito tendría su despedida de este mundo. Y para salir de dudas, Deyang pagó poco más de 2 mil 472 dólares en llevar a cabo un funeral falso para ver cuántas personas asistían.


“Organicé esta ceremonia porque quería separar de mi vida a las personas que realmente se preocupan por mí y a las amistades falsas. Sin embargo, lamento la ausencia de algunos familiares”

El hombre jamás se casó y nunca tuvo hijos, así que sin tener una familia directa, su mayor preocupación a estas alturas de la vida no es más que saber si tenía a alguien que se preocupara por él después de su muerte.



Solamente 40 de los 60 familiares que fueron invitados asistieron al funeral falso. Sin embargo, el hombre se sorprendió al ver que un grupo de vecinos de su localidad y de aldeas cercanas asistieron.


“Todavía no puedo creer que muchos amigos y parientes no hayan venido; aún me duele”.


En la cultura china, se cree que los muertos tienen las mismas necesidades que los vivos; así que las familias no sólo se encargan de arreglar el funeral, sino que también visitan regularmente las tumbas y queman incienso.

Deyang estaba preocupado de que nadie se ocupara de él después de su muerte, así que él mismo construyó su propia tumba en 2008, hasta que finalmente planeó el simulacro del funeral este año.




“No era necesario gastar en este tipo de ceremonia, ya que el dinero se pudo haber donado”.

– Aldeano local que asistió al funeral falso.

El sr. Deyang vestía un suite tradicional chino en color azul con dorado, se sentó junto a una mesa de aperitivos como dolientes fingidos inclinados a sus pies.

El hombre posó con una enorme sonrisa para las fotos de los aldeanos curiosos.



La ceremonia incluía una boda simulada a una mujer muerta, ya que es visto como la mala suerte de ir a la otra vida sin cónyugue.

A los pocos días del funeral aún se acordó de los 20 familiares y amigos que invitó y no asistieron a la ceremonia.

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