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8 Situaciones que todos los que han tenido ortodoncia entenderán

La vanidad tiene su precio, y en el caso de la ortodoncia el precio es doloroso. Pero después de años de tratamiento, el resultado final hace que todo valga la pena. Te ves al espejo y es tu reflejo el que te responde con una sonrisa digna de enmarcar. Ahora recordamos el dolor de la ortodoncia con gracia, pero en aquel entonces no era nada gracioso, ¿verdad?

Recuerdas cuando....
1. No podías comer por el dolor
Veías a tu familia comer deliciosos manjares y por un segundo creías que no te dolería, que quizás esta vez sería diferente... pero pasados dos segundos de introducir la comida en tu boca te invadía el arrepentimiento. Al final, ya dándote por vencido, te encerrabas en tu dormitorio a pensar en ese agudo dolor que empezaba en los dientes y subía por tu cabeza.

2. Le pedías al dentista que te pusiera cauchos naranja y negro en Halloween

Bueno, si tenías que usar frenillos, por lo menos debías lucirlos con estilo. Una vez te resignabas a la ortodoncia, te sentías empoderado y le pedías a tu odontólogo que te pusiera los cauchos de colores. En Halloween eran negro y naranja; y en Navidad, verde y rojo.

3. La puntita de los alambres te hería la boca

Era indispensable tener en la mochila la cera de ortodoncia para esos bordecillos del alambre que te causaban heridas en la boca. Sin duda una de las molestías más dolorosas.

4. Terminabas de comer y quedabas con notorios residuos en los dientes

Si ya de por sí aún hoy te queda comida entre los dientes, cuando tenías ortodoncia era mil veces peor. El desastre se convertía en hecatombe cuando estabas con el chico o chica que te gustaba y se quedaba mirando tus dientes... había entonces que correr al cuarto de baño a mirarse en el espejo.

5. Envolvías el retenedor en una servilleta mientras comías y lo botabas sin querer a la basura

Nada más incómodo que el momento de comer, sobretodo si tenías retenedor y debías removerlo para poder empezar. Aquí entonces había dos opciones y las dos igualmente desastrosas. Te quitabas el retenedor, lo envolvías en una servilleta que por descuido terminaba en la cesta de la basura o, a veces, por la vergüenza de quitártelo o por pereza, te arriesgabas a comer con el retenedor y entonces se rompía.

6. El dentista te regañaba cada vez que botabas un braket

Y por cada braket que botabas te ponía una multa. ¡Pero no era tu intención! Los condenados brakets se caían como por arte de magia y, para colmo, muchas veces te los tragabas.

7. Tu familia te pedía sonreír en las fotos...

La pesadilla de las fiestas navideñas... la foto familiar. Tus padres te querían tanto que hasta te decían que te veías bien sonriendo. De cualquier forma salías regular en las fotos, ya sea enseñando los dientes de lata o intentando ocultarlos con una mueca que dejaba mucho que desear.

8. Temías darle un beso a alguien y quedar enganchado

Esto no pasa solo en las películas, ¡es un problema real!. Aquel romántico momento podía verse convertido en un episodio incómodo cuando sus dientes chocaban contra tus frenillos. Claro, no era como en las películas que los dos quedan enganchados de por vida, pero sí suponía un momento extraño que se resolvía entre risas.
Lo cierto es que al final ha valido la pena, ¿no lo crees?. Nada mejor que una sonrisa perfecta.
Fuente: genial.guru
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