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11 cosas que echas de menos cuando te vas de España



Alguien que entienda que cuando digo “joder” y pongo mala cara, no estoy enfadada.


1. Los bares de toda la vida

Un bar en el que te puedas comer un bocata tranquilamente. Esos de bueno, bonito y barato. Esos bares con las mesas de metal. Los de la esquina, los de siempre. Los de tardes con los amigos. Los de cañas a un euro. Esos en los que los camareros no te echan si estáis toda la tarde en la misma mesa sin pedir nada más que el café de las 4. Los que no te meten prisa cuando van a cerrar.


2. Las persianas

Todavía no puedo entender por qué no ponen persianas en el resto del mundo. No hay nada mejor que la total y absoluta oscuridad de una habitación. En serio, todavía no me entra en la cabeza que puedan vivir sin ellas. Acostarse a las 7am, cerrar las persianas y despertarse a las 2pm. Eso es lo que echamos de menos. Las cortinas apestan.
3. El sentido del humor

Ay… qué poco nos entienden. Es tan difícil conectar con personas de otros países en este sentido… Por no hablar de las ironías, o de ser un poquito bordes sin que te miren mal. NO SOMOS BORDES, somos directos, somos sarcásticos. Tenemos esa forma de decir las cosas un tanto peculiar, y sólo nos damos cuenta de eso cuando nos vamos fuera. Podemos sonar excesivamente serios y estar haciendo la broma del día, y eso nadie más lo entiende. Como tampoco entienden que sí, somos gritones. Y sí, nos gusta armar jaleo. Y del bueno. ¿Algún problema?
4. El jamón

Y esto debería ir en mayúscula. No es comparable con ninguna comida que tu madre haga (lo siento, mamá). El jamón es, sin duda, lo que más echamos de menos en nuestras comidas. Que sí, que vale, que ya sabemos que en los supermercados lo venden. Pero POR FAVOR, no me comparen… Es algo sagrado, y cada vez que podemos, hacemos contrabando con él.


5. Los planes improvisados

Salir “de tranquis” y amanecer charlando con cara de locos. Eso, no se paga con nada. No tener agenda. No planear con 10 días de antelación las quedadas. Tomarte una birra porque sí, porque acabamos de terminar de comer y hace un sol que da gusto en pleno marzo. Y probablemente se vayan uniendo más amigos. Y si estamos a gusto, nos iremos a cenar después. Y probablemente nos tomemos un gintonic en la sobremesa. Y si se alarga, se alarga, que para eso la noche es larga.


6. Nuestras múltiples fiestas y vacaciones

Por partes: la cantidad de vacaciones que hay al año se aprecian mucho más cuando vives fuera y además trabajas. Además, nada mejor que las fiestas típicas de cada comunidad, o San Juan, 0 las típicas fiestas de pueblo… ¿Cómo explicamos eso fuera de España? Y no, no somos vagos. Somos gozadores, que es distinto.
7. El sol

Bueno… Los que seáis del Norte (alias: Mordor) no lo echaréis tanto de menos, pero los que somos mediterráneos no podemos aguantar sin él. Así que, si vivimos en un país en el que sale muy de vez en cuando, le hacemos una fiesta cada vez que aparece.
8. Las tapas

Ir de pintxos, tapas o tomar el aperitivo. Llamadlo como queráis. Pero cómo se echa de menostomarse una coca cola con un pintxo de tortilla, unos pescaditos fritos, una sepia a la plancha, un montadito…


9. Comer a las 4 y hacer sobremesa

No hay nada mejor que no tener un horario limitado en las comidas. Que las cocinas no cierren, que las sobremesas se alarguen… Porque a ver, para eso estamos, para eso nos juntamos. Es una de las cosas que más echo de menos: estar todos sentados, durante horas, habiendo terminado ya de comer. Y hablar, hablar y hablar. Y reírnos todos juntos, sin que nadie tenga que irse, sin prisas. Sin que nadie quiera echarte de tu mesa.
10. Mercadona

De verdad. El resto del mundo necesita conocerlo. En especial las mujeres sabemos cuánto lo echamos de menos. Deliplus es la bomba. Qué poco lo apreciamos cuando lo tenemos cerca…


11. Nuestra gente. Los de siempre

Es inexplicable todo lo que se puede llegar a extrañar a tu gente. Ellos lo son todo. Por mucho que trates de adaptarte a otra cultura, conocer gente nueva y hacer amistades, los de siempre son LOS DE SIEMPRE. Son los que nos esperan cada vuelta a casa por Navidad. Los que adaptan sus horarios a los nuestros para hacer Skype, los que logran que un mensaje de Whatsapp cambie por completo tu día, los que te dicen: “Tranqui, que todo va a estar bien. A tiempo de volver siempre vas a estar. Y aquí estaremos esperándote”.



Porque es verdad. Estaremos lejos, pero sigue siendo nuestro hogar.

Fuente: upsocl
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